
Los expertos recuerdan que es normal sentir ansiedad, nerviosismo, agitación, tristeza, ira o estrés, entre otras emociones, en estos días de confinamiento y ‘reapertura’ al mundo.
Nos dirigimos hacia una nueva normalidad tras largas semanas de confinamiento para frenar la pandemia COVID-19.
Todos debemos tener claro que es normal sentir ansiedad, nerviosismo, agitación, tristeza, ira o estrés, entre otras emociones, en estos días de confinamiento en casa y de ‘reapertura’ al mundo en el que vivimos. “Es normal frente a situaciones tan extremas como la que estamos atravesando con la pandemia COVID-19 y la situación de confinamiento que supone”, expone el Colegio Oficial de la Psicología de España.
Se trata de reacciones “normales” frente a situaciones “inusuales y de crisis grave”,
según defiende esta entidad, ya que suponen afrontar niveles extremos
de incertidumbre y estrés que nunca antes habíamos vivido. Por eso,
insiste en que es lícito y normal sentirse así en una situación tan
complicada como la que estamos viviendo.
De hecho, advierte de que hasta cierto punto puede ser necesario: “Experimentar un cierto nivel de ansiedad es necesario para no bajar la guardia frente a, por ejemplo, las medidas de seguridad establecidas que debemos observar por el bien común, y únicamente si estas emociones son muy intensas y/o duraderas deben producirte alguna preocupación.”
Entre los colectivos que puedan presentar más dificultades a la hora de que se produzcan las distintas fases de desescalada se encuentran las personas que ya presentaban factores de vulnerabilidad psicológicos previos a la pandemia
La psicóloga clínica del Hospital Quirónsalud Torrevieja, Nuria Javaloyes, llama la atención sobre aquellas personas con antecedentes de ansiedad, pensamientos recurrentes y obsesivos, o hipocondría,
ya que se trata de colectivos que potenciarán el sentimiento de amenaza
y verán alterada en gran medida su vida conforme vaya transcurriendo el
desconfinamiento.
De hecho, desde el Colegio
Oficial de Psicólogos de Madrid remarcan que es lógico que en las
personas con enfermedad mental previa las incertidumbres y los numerosos
estresores relacionados con una situación de pandemia coloquen a todos
en un mayor riesgo de sufrimiento y de verse afectados por los problemas
de salud mental, ni qué decir entonces a este colectivo.
“A
algunas personas, la extrema adversidad les provoca manifestaciones
mentales francamente patológicas como trastornos depresivos, estrés
agudo, trastorno de estrés postraumático y duelo prolongado. Las
personas que, previamente a la aparición de la situación de crisis,
padecían algún trastorno mental son particularmente vulnerables y la
evolución de su problema puede verse agravada”, advierte.
Por
esto, la psicóloga de Quirónsalud Torrevieja sostiene que para estas
personas se debe asegurar el cuidado y la ayuda teniendo en cuenta que
el apoyo psicológico y social no solo consiste en la atención por parte de los servicios de salud, sino que implica también a su familia y a la comunidad.
Aquí
recomienda seguir las indicaciones de los expertos, sabiendo que si se
cumplen se estará más seguro. “No es necesario ampliarlas, ni
exagerarlas, si no somos personas de riesgo. Hay que tener en cuenta que
un exceso en las conductas de prevención, lavarse excesivamente las
manos, incluso sin salir de casa, estar conectados permanentemente a las
noticias sobre el virus, o pensar demasiado en el mismo tema, pueden
aumentar y cronificar la sensación de alerta, y a la larga generar
síntomas de ansiedad y de pánico”, alerta.
El caso de los niños y adolescentes en el desconfinamiento
Otro
de los grupos más vulnerables a nivel emocional en este proceso de
‘desconfinamiento’, según apunta Joaquín Conesa, psicólogo clínico del
Hospital Quirónsalud Murcia, son los niños y los adolescentes,
colectivos que durante los primeros días de las salidas permitidas
pueden presentar “un empobrecido repertorio de conducta”, consecuencia
del uso excesivo de las nuevas tecnologías para el ocio y los estudios.
Este especialista llama la atención sobre el hecho de que la cuarentena forzosa ha podido configurar nuevas formas y rutinas en las familias y en las casas,
de forma que las relaciones familiares que antes podían ser fluidas,
ahora pueden tornarse difíciles en algunos momentos, aparte de que, al
estar en todo momento juntos, aumentan los roces y conflictos.
Además,
otra de las nuevas situaciones a las que tienen que hacer frente estos
menores es el “mundo diferente” al que se enfrentan ahora, y que les
impide progresar en sus habilidades sociales y en su inteligencia emocional.
A
juicio de Conesa, estos hechos pueden suponer un hándicap en su
desarrollo neuropsicosocial, de forma que exterioricen conductas de
evitación, o incluso el negarse abiertamente a salir, o bien lo hagan
con miedo, inseguridad o tensión.
En estos casos se aconseja a los padres que muestren “una actitud de serenidad y de estabilidad”
para transmitírsela a sus hijos, “unas emociones positivas que sirvan a
los menores de herramientas psicológicas para afrontar con seguridad la
nueva situación”.
Pautas para la nueva normalidad
Con
todo ello, Nuria Javaloyes, psicóloga de Quirónsalud Torrevieja, ofrece
una serie de consejos para afrontar de manera positiva la vuelta a la
nueva realidad social:
- Ser conscientes de cuál es la situación real, sin alarmismos catastrofistas, como la mejor manera de empezar a ser resilientes y conocer las características concretas que tiene la nueva realidad a la que nos enfrentamos.
- Abrirse al aprendizaje y mantener la mente abierta a la evolución y al cambio con grandes dosis de creatividad y de curiosidad por aprender cosas nuevas.
- Ser flexibles sin perder la esencia, la rigidez en la forma de pensar no ayuda, más bien no permite avanzar.
- Ser optimistas y quedarse siempre con la parte positiva de la situación.
- Ser capaz de reinventarse y aprovechar la crisis para aprender nuevas habilidades necesarias en un mundo distinto.
- Ser inteligentes emocionalmente para conocer y manejar las emociones propias, y comprender los sentimientos del resto de personas con las que nos relacionamos en el trabajo y en el entorno social.
- Fomentar el sentido del humor, una de las mejores herramientas para ayudar a aliviar la tensión y a desdramatizar.
- Fomentar el apoyo socio-familiar y ampliar las relaciones sociales como muestra de nuestra cooperación, uno de los valores en alza en estos momentos que vivimos.